ME LLAMO JUAN CARLOS Y OS TRAIGO HISTORIAS DE TERROR,LEYENDAS URBANAS,CASOS INEXPLICABLES PARA LEER A SOLAS Y PASAR MIEDO O REÍRTE DE ELLOS.DEDICADO A KATY,LYDIA Y A TODA MI GENTE.
POR FAVOR HACER 1 CLICK EN LA PUBLICIDAD QUE NO CUESTA NADA.GRACIAS
Una noche de verano en la que estaba sola, cuatro
golpes secos sonaron a su puerta. Vanessa creyó que se trataba de algún
amigo con el que salir a tomarse una copa, pero se trataba de una niña
de alrededor de siete años.
La niña, de hermosos tirabuzones rubios y grandes ojos castaños miró a
Vanessa y le dijo que se había perdido. Vanessa le dejó entrar, le
preparó un vaso de leche y le dijo que iban a ir a la policía. Verónica
le rogó que no lo hiciera esa noche pues tenía mucho sueño y quería
dormir. Vanessa accedió y le preparó la cama. Por la mañana temprano
cuando Vanessa iba a llevarla a la policía, entró en el cuarto y vio
que la niña, llamada Verónica, no estaba.
Un año después en idéntica situación, la niña volvió a aparecer.
Parecía que no había crecido nada. De nuevo Vanessa le preparó la cena
y le dejó dormir pero al día siguiente Verónica volvió a desaparecer
sin dejar rastro. Vanessa fue a la policía y dio todos los datos de la
chiquilla pero no se habían producido denuncias ni nadie había
reclamado una desaparición. Tras dar muchas vueltas, Vanessa llegó al
Hospital de San Prudencio. Un hospicio para niños y niñas huérfanos.
Allí la madre Sonsoles, le explicó que no tenían ninguna niña de esas
características. Justo cuando se disponía a salir Vanessa del lugar,
otra monja llegó con un calendario de dos cursos atrás. Allí estaba la
foto de Verónica, tal y como Vanessa le había visto. - Sí ¡es ella! -
gritó. Las dos monjas se miraron extrañadas - Verónica murió hace dos
años.
Aquella noche, cuatro golpes secos sonaron en la puerta de Vanessa. La
muchacha observó por la mirilla de la puerta. Allí estaba de nuevo
Verónica, con los brazos cruzados y cara de enfadada. - Has tardado
mucho en abrirme, tengo hambre y sueño - dijo la niña.
Vanessa aterrada preparó todo como lo había hecho habitualmente.
Cuando acostó a Verónica no pudo soportar el terror y entró despacio a
su habitación. La niña estaba totalmente arropada. Vanessa retiró la
sábana y bajo ella, como un suspiró pareció desvanecerse un cuerpecito
en una nube. Sobre la almohada, con letra infantil y varias faltas
había una nota Gracias por la leche y los dulces, ahora tengo que irme
a llevar al infierno a las otras tres chicas que no me dejaron entrar a
sus casas.